Aug
23

Fotograma 14

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La puerta de la habitación 27 se abre y aparece Blanca. Tiene las mejillas llenas de hoyuelos, deja ver los dientes, los labios se estiran sobre las encías, alrededor de los ojos se le marcan pliegues y arruguitas.

Ve los cristales esparcidos y los dibujos de la luna, que aún permanece sujeta al marco de la ventana. Cruza los brazos sobre el pecho, una masa compacta que le abulta la bata. Se carcajea un poco, asintiendo con la cabeza, acariciando el pelo de María. Le mete los dedos entre los rizos. roza con la uña el cuero cabelludo, baja desde el final de la frente hasta la nuca, marcando la línea del cráneo.

María la mira de reojo, sin sonreir. Permanece quieta, sentada encima de la cama. Blanca se agacha y le ayuda a tenderse del todo, colocáncole la mano bajo los riñones, empujando levemente el hombro de María, hasta que inicia por sí sola el movimiento de descenso. Está tumbada.

Blanca sale del cuarto. Llega enseguida con un auxiliar que recoge los vidrios rotos. También la acompaña el médico de guardia.

La enfermera lleva una bandeja con una jeringuilla esterilizada del grosor de un culo de botella. Aguja hipodérmica, algodón y un frasco con una sustancia rosácea diluida. La enfermera lo de deja todo sobre una mesa y rebusca en sus bolsillos. Saca un compresor. Toma el brazo izquierdo de María y aprieta la goma por debajo del bíceps. Las venas comienzan a sobresalir entre la fibra del músculo; su aspecto es duro y resbaladizo. La enfermera encaja la aguja en la jeringuilla y pincha la goma del frasco, lo inclina y va absorbiendo el líquido. No queda ninguna burbuja en el rosa translúcido. La enfermera da unos golpecitos en la parte interna del codo del paciente, activa la circulación retenida. Sujetándose el dedo corazón con el pulgar, lo suelta después muchas veces como una piedra que lanzase un tirachinas. Hace correr los glóbulos por los conductos. Limpia la zona con un algodón empapado en alcohol. Coge la jeringuilla y la clava en el trazo de vena más grueso, uno que late subterráneo por debajo de los otros. Va dejando penetrar el fluido en el curso negro de las venas de María. Retira la aguja, sin romper con el bisel las paredes de los túneles intravenosos. Desajusta el nudo del lazo compresor, vuelve a limpiar la zona inyectada, dándole un masaje circular profundo. Una gota roja soma por la huella de la punción. La enfermera corta un trozo de venda y un pedazo de esparadrapo. Obtura el agujero y la sangre se filtra entre la trama de los hilos de la tela.

María ahoga una naúsea. El auxiliar sale con un recogedor lleno de vidrios. Blanca comenta algo al oído del médico de guardia.

- Dentro de dos horas, en el consultorio.

El médico de guardia sale del cuarto 27. Blanca guiña un ojo y se inclina hacia la mujer con aspecto de muchacha.

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